16/4/15

"Kanzan" con cáncer

 Una típica estampa de abril: un cerezo japonés Prunus serrulata variedad "Kanzan" en flor; un árbol que de un tiempo a esta parte se ha hecho muy popular en España, sobre todo en los barrios de nueva construcción.

Pero el árbol en concreto que os enseño tenía esta curiosa forma del tronco: engrosado y como "comiéndose" la corona de ramas...

... y las causantes de todo esto están algo más arriba, son las bellas flores dobles que dan justa fama a este árbol. Las flores de la gran mayoría de las plantas tienen cuatro tipos de piezas: sépalos (que recubren la flor cerrada), pétalos (los bonitos, que atraen los insectos), estambres (las partes masculinas) y carpelos (las partes femeninas; muchas veces sólo uno). En una flor en los primeros estados de desarrollo, los cuatro tipos de piezas son iguales, y un sistema de genes (ABC) regula en qué se van a transformar. Todas las células de las piezas florales (todas las células de la planta, vaya) contienen los tres genes, pero no en todas de transcriben y aparecen las proteínas correspondientes: si se expresa sólo el gen A las piezas se transforman en sépalos. Si se expresan A y B, en pétalos. Si se expresan B y C en estambres, y finalmente si se expresa sólo C, en carpelos. Pero si aparece un mutante con algún fallo en lo que a la expresión de estos genes se refiere, la diferenciación de las piezas florales se descontrola, y por ejemplo todo lo que debería transformarse en estambres y carpelos, se transforma en pétalos, y en vez de la flor típica de las rosáceas con cinco pétalos y muchos estambres, aparecen flores llenas de pétalos como las de arriba, o como las de muchas otras flores cultivadas.
Estas mutaciones, relativamente corrientes en la naturaleza, le vienen de perlas a los jardineros, pero para la planta representan una tragedia: sin piezas reproductoras, no se pueden reproducir. Y si no se reproduce, ya puede tener unas flores todo lo bonitas que se quiera, que en cuanto muera ahí se termina todo. A menos que la planta se pueda reproducir de otra manera, claro...

Por ejemplo, por injertos. Injertar una planta ya sabéis lo que es: es encajar una porción de la planta que se desea propagar y que por los motivos que sea no puede reproducirse normalmente (como el cerezo japonés), en una base de otra especie sin problemas para crecer. Y si el injerto se ha hecho bien y agarra (es decir, si ambas plantas son suficientemente compatibles como para que los tejidos de ambas se fusionen), ya está: el tronco de la planta original sustentará las ramas de la otra. Pero la nueva "planta" está formada por dos individuos distintos en realidad, y en el cerezo de la imagen, uno de los dos ha enfermado: alguna infección ha causado que el portainjertos desarrolle un crecimiento tumoral anormal, que sin embargo no afecta a las ramas originales de cerezo japonés que se le injertaron en su día, y que salen así como un pegote del tronco de abajo... algo que por otra parte es bastante habitual en los cerezos japoneses que se ven por la calle, que tienen casi todos unos injertos con una pinta de lo más chapucera.

Ya para terminar: como veis en las fotos de arriba, muchas veces el portainjertos no se resigna a ser sin más el soporte de las ramitas pijas de arriba, e intenta reclamar su derecho a tener ramas y hojas propias. En este cerezo, del tronco a media altura brotaba un manojo de ramas cuyas hojas eran claramente distintas de las de arriba. Y si estas ramas no se recortan, a veces acaba uno con un árbol "mixto", en que las ramas injertadas y las del portainjertos forman una sola copa, como veis aquí. En armonía, pudiera parecer, pero en tiempo evolutivo, el portainjertos de flores blancas, y simples, capaces de reproducirse, lleva las de ganar...

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